“Muéstranos Señor tu Misericordia”

Carta Pastoral del Obispo de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Rafael Zornoza Boy, con motivo de la apertura del Jubileo de la Misericordia.

Queridos diocesanos:

zornoza_web1Me dirijo a vosotros ahora, a punto de comenzar la celebración del Jubileo extraordinario de la Misericordia al que nos convoca el Papa, para invitaros a vivirlo con entusiasmo y gran participación. Con la convocatoria del Jubileo el Papa nos invita a adentrarnos en el misterio de Dios para progresar en el camino de la conversión y para descubrir el verdadero sentido de nuestra misión en el mundo. Además, contemplar el amor de Dios es fuente de alegría, de serenidad y de paz. “Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre. Por esto he anunciado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes” (Misericordiae Vultus, n.3).

El lema elegido por el Santo Padre, “Misericordiosos como el Padre”, es todo un programa de vida cristiana y un compromiso gozoso. En la exhortación apostólica Evangelii Gaudium Francisco nos decía que “la Iglesia vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva’’. Ciertamente “la misericordia es el núcleo central de mensaje evangélico” (cf. Benedicto XVI, citado por Francisco) y Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. Por tanto el Jubileo anuncia, ante todo, a Cristo, Hijo del Padre “Rico en Misericordia”, y al Espíritu que es amor y une las personas divinas.

Dejémonos, pues, iluminar por la luz de Dios, compasivo y misericordioso, que nos ha amado y llamado por amor para enviarnos a ser testigos de su amor, misioneros de la esperanza, para vivir la fe. Dios compasivo es amigo de los hombres y nos quiere compasivos como Él.

Pero ¿cómo llevar este dinamismo a la pastoral, a la iniciación cristiana de niños, jóvenes o adultos? ¿Cómo llevarlo a las familias, a los matrimonios, a la relación de los padres con los hijos o con sus mayores? ¿Cómo impregnar del amor de Cristo los casos difíciles y dolorosos donde la familia vive con dolor? ¿Cómo hacerlo presente a los necesitados y excluidos de la sociedad, a los emigrantes, refugiados, a los marginados por cualquier razón? ¿Cómo hacer que brille el evangelio en las situaciones de dolor personal o de increencia? ¿Cómo transitar por los caminos de la misericordia? He aquí nuestro reto y propósito en este año jubilar. Debemos pedir: “Muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos tu salvación”( Sal 84).

El Evangelio no es un camino teórico, ni una ideología más en medio de las ideologías, ni debe convertirse en una escuela privada para unos pocos. Tampoco puede quedarse en la esfera privada de los sentimientos y de la subjetividad. La Buena Nueva es una persona, Jesucristo, y en el encuentro personal con Él, de corazón a corazón, de persona a persona, de verdadera comunión real, es donde está la verdad que nos hace libres, la vida en plenitud del hombre, la humanidad nueva que es preciso que nazca y crezca, la salvación total y definitiva, de la que somos indigentes. El logo del Jubileo, obra del jesuita esloveno Marko Iván Rupnick, muestra plásticamente y de modo oportuno a Jesús que carga sobre sus hombros al hombre herido, apaleado o extraviado, una imagen muy apreciada en la Iglesia antigua, que subraya el amor de Cristo que se encarna para redimir al hombre alejado de Dios con un amor capaz de cambiarle la vida.

El Evangelio no es un camino teórico, ni una ideología más en medio de las ideologías, ni debe convertirse en una escuela privada para unos pocos. Tampoco puede quedarse en la esfera privada de los sentimientos y de la subjetividad.  

“El primer deber de la Iglesia es proclamar la misericordia de Dios, llamar a la conversión y conducir a todos los hombres a la salvación del Señor” (cf. Jn 12,44-50). “La Iglesia –por tanto– tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo se sienta acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del evangelio”. (Evangelii Gaudium, 114).

Debemos preguntarnos, por consiguiente ¿cómo vivir la misericordia entre nosotros, cada uno en su casa con sus familiares, amigos y vecinos? También en la Iglesia, en nuestras comunidades ¿cómo ser misericordiosos, en nuestro presbiterio, en nuestro movimiento, en nuestra comunidad religiosa, asociación o cofradía? En la bula de convocatoria del Jubileo Misericordiae vultus, el papa Francisco nos invita a ser Misericordiosos como el Padre (Luc 6,36), que pide no juzgar y no condenar, sino perdonar y amar sin medida.

La misericordia cristiana es siempre evangelizadora y el encuentro con Cristo y con el Evangelio es siempre camino de misericordia, es decir, la medicina que nuestra cultura paganizada necesita para encontrar su sentido y ordenar la convivencia de la sociedad. Los viejos países de antigua tradición cristiana necesitamos emprender el camino de la nueva evangelización. Éste es el gran desafío y la gran oportunidad de servicio y caridad, de misericordia, de compasión y solidaridad, de la Iglesia a nuestro mundo de hoy, en el que las ideologías y poderosos luchan a toda costa contra Dios.

La respuesta y el servicio de la Iglesia es evangelizar de nuevo, como en los primeros tiempos, anunciar al Dios vivo y verdadero con rostro humano, hecho carne de nuestra carne en un infinito amor y misericordia, manifestado y dado en Jesucristo en medio de un mundo paganizado y sin Dios. Ni el fundamentalismo –en el fondo pagano–, ni el ateísmo práctico del «como si Dios no existiera» son vías de futuro: solamente mostrar a Cristo de nuevo devolverá a la sociedad el sentido de la vida con el gozo de la fe.

La respuesta y el servicio de la Iglesia es evangelizar de nuevo, como en los primeros tiempos, anunciar al Dios vivo y verdadero con rostro humano

Con el amor misericordioso de Dios aumentará la fe verdadera en todos nosotros, y se avivará la esperanza en Dios que hace posible – por su amor apasionado y su apuesta por el hombre-, un mundo verdaderamente nuevo. A partir de Él seremos capaces de mostrar el valor del Evangelio. Pero, para que Dios convierta los corazones endurecidos y mentalidades tan opuestas al bien y a la justicia, nos hace falta una Iglesia enraizada en Dios, en perfecta comunión y sin fisuras entre nosotros.

rupnikHacer el bien en nombre de Jesús es un testimonio vivo y valioso. Los cristianos dedicados a las tareas de asistencia a quienes sufren, de lucha contra la pobreza y la exclusión social, no son hijos del secularismo ni del laicismo radical, sino que lo hacen como un modo de vivir su fe. Sus actos de ejemplaridad caritativa no son hijos de la neutralidad ideológica, sino que en la defensa de la dignidad ofendida de los seres humanos hacen patente el nombre y el mensaje de Jesús. La libertad esencial del ser humano, la dignidad de la vida de cada uno de nosotros, la integridad inviolable de hombres y mujeres fue proclamada por Jesús y ha sido sustancia constituyente de nuestra cultura.

La contemplación de la misericordia divina nos recuerda que debemos ahondar en el Plan de Pastoral que estamos desarrollando, que hace referencia al impulso de la actividad caritativa y social y a la evangelización. La meditación del misterio de la misericordia nos ayudará a ser evangelizadores con espíritu y con entrañas compasivas.

Acoger personalmente el perdón

Jesús busca incansablemente al pecador a quien carga sobre sus hombros, perdona y purifica. Nosotros somos ese pecador y Él viene a nuestro auxilio. Este es el paso personal indispensable para la acogida del Jubileo. Resulta evidente que el Jubileo nos ofrece una gracia especial que debemos acoger, pero su fruto tiende a un profundo cambio del corazón. El sacramento de la reconciliación, depreciado e infravalorado hoy para muchos, recobra en el Jubileo un imperioso protagonismo y requiere nuestra acogida y motivación. Necesitamos para ello la peregrinación, que supone una salida hacia la conversión, y encaminarnos decididamente a Dios. Tenemos la oportunidad de frecuentar el sacramento de la reconciliación aceptando personalmente la redención de Cristo. Este esfuerzo de los fieles por recibir la gracia y de los sacerdotes por dedicar tiempo a esta pastoral eminentemente sacerdotal, dará gran fruto. Es evidente que los sacerdotes han de destinar un espacio fijo, con horarios conocidos en el confesonario, que va a suponer una entrega mayor que hay que agradecerles. El mejor modo de que puedan hacerlo es que los laicos asuman otras responsabilidades que pueden desempeñar y, de este modo, permitirles dedicarse más a lo que no es posible delegar a otros.

Dios ayuda nuestra debilidad con su gracia y pretende no solo el perdón momentáneo de nuestros pecados sino orientarnos a una colaboración duradera con el Señor, a una amistad creciente que nos purifique y vaya haciendo crecer la imagen de Cristo en nosotros. Debemos, pues, iniciar un tiempo de edificación, de aspirar a la santidad, de cristificación, esto es, entrar por la puerta que es Cristo mismo: “Yo soy la Puerta: quien entre por mi se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos” (Jn 10,9). La misericordia propia de Dios brotará entonces espontáneamente de nosotros en comunión con los sentimientos de Cristo. Entremos en el Corazón mismo de Jesucristo para acoger con gozo este don que la Iglesia propone para ser Misericordiosos como el Padre, allí donde se une nuestra vocación y nuestra misión.

Vivir la caridad para con los pobres y necesitados

Jesús nos revela el rostro de Dios con su comportamiento compasivo hacia los hermanos marginados y pobres, un amor “visceral”. Miremos a todos con la mirada compasiva de Jesús, para consolar a cada descartado, afligido, herido de la vida, a cada empobrecido. Nada más concreto que la ternura de Dios para orientar nuestro itinerario en el año jubilar de la misericordia y ver a Cristo mismo en cada uno de los necesitados (cf. Mt 25, 31-45). Vivamos la caridad en toda su extensión y sus múltiples expresiones y realizaciones vibrando ante las pobrezas que nos rodean. El camino de las obras de misericordia corporal nos muestra que es posible realizar lo y que la Iglesia es experta en misericordia. Las incontables obras presentes en nuestras parroquias, comunidades religiosas, cofradías, etc. son muestra de ello y, sobre todo en este año jubilar, una llamada imperiosa para prestar nuestra ayuda y cambiar nuestro corazón a la medida del de Cristo. Debemos reconocer el rostro sufriente de Cristo en los hermanos y concretar nuestro amor a los necesitados, abriéndonos también a las nuevas pobrezas, como la soledad, la angustia, la desesperanza, el sufrimiento de los emigrantes y refugiados. La misericordia ha de llevarnos también a la escucha y al acompañamiento. Cuidad con toda atención la caridad que habitualmente hacéis, como visitar a los enfermos, en los hospitales y en sus casas, cuidar a los ancianos, visitar las residencias, darles conversación, acompañarles, sacarles de paseo; acompañar a las mujeres que han abortado con misericordia, y procurar que curen sus heridas sicológicas; mantened con empeño asiduo y entrega responsable Cáritas Parroquial, los dispensarios de comida, los roperos, etc. Propongo, además, que cada parroquia o comunidad asuma una obra de misericordia para dedicarse prioritariamente a ella durante el jubileo (especialmente si ya atiende una institución o le resulta cercana). En el rico “mapa” de la misericordia de nuestra diócesis (cuyo elenco reducido ofrezco al término de esta carta) cada comunidad y cada persona debe hacer su propia ruta.

Vivamos la caridad en toda su extensión y sus múltiples expresiones y realizaciones vibrando ante las pobrezas que nos rodean. El camino de las obras de misericordia corporal nos muestra que es posible realizar lo y que la Iglesia es experta en misericordia.

Ayudarnos mutuamente como hermanos

La misericordia, que es el amor, debe hacerse presente entre nosotros en primer lugar. “Mirad como se aman”, decían con sorpresa de los primeros cristianos, porque “la multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía” (Hch 4,32). Debemos escuchar, consolar, dar gratuitamente, sin pensar en recibir. No obstante hemos de ser conscientes de que también necesitamos recibirla, pues todos somos, en cierto modo, indigentes. Sin humildad para recibir difícilmente fructificará en nosotros el amor fraterno. La caridad fraterna también exige acoger el ejemplo, la palabra edificante, el consejo, etc., de modo que la hermandad que brota del amor de Dios nos haga fuertes para ser misericordiosos en nuestro testimonio cristiano y en nuestras obras. Sin derribar los obstáculos de la dureza de corazón, como son los rencores, la competitividad, posturas enfrentadas, etc. difícilmente daremos frutos de caridad. “En esto conocerán que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros” (Jn 13,34).

Cuidemos especialmente las familias a las que la Iglesia tiene tanta estima y aprecio, dada su trascendencia para la Iglesia y la sociedad, con una decidida acción pastoral. De la salud de la familia depende en gran medida la salud de la sociedad. Si la Iglesia camina unida a la familia la comunidad cristiana recibirá un gran beneficio, comenzando por la parroquia, y toda la sociedad. Hay en la sociedad un gran deseo de familia, pero también un gran déficit de ella. Vivamos a todos los niveles la fraternidad, la solidaridad, la comprensión y apoyo paternal de unos para con otros, superando el miedo y la soledad, cuidando la acogida y la disposición a acompañar para integrar a todos. Cuidemos con dedicación prioritaria a los niños y a los jóvenes, necesitados de modelos estimulantes y de testimonios de amor entregado y verdadero que alienten el verdadero amor. Aprender a amar es hoy el mayor reto que afrontan en su vida, y ayudarles –en colaboración con la Delegación de Familia—es el mejor servicio que les podemos prestar. De igual modo debemos hacer que nuestras comunidades de fieles sean fraternas con el mandato de Cristo de la unidad y del servicio: “Os doy un mandato nuevo: que os améis como yo os he amado” (Jn 13,34). El mayor signo de misericordia cristiana es hacer que se cumpla el deseo que Cristo pide al Padre para nosotros: “Que todos sean uno como el Padre y yo somos uno” (Jn 17, 21-22).

Anunciar a Cristo

Las obras de misericordia llamadas espirituales deben impulsarnos a evangelizar, a revitalizar con decisión el anuncio de Cristo, que es el Salvador del hombre y Redentor, para que todos le conozcan y lleguen al conocimiento de la verdad que da la vida eterna. A nadie se oculta que necesitamos para ello un movimiento de conversión misionera y reavivar el ardor evangelizador de nuestras comunidades para salir al encuentro de los que buscan en la oscuridad la felicidad y la salvación. Estamos obligados a ofrecer a todos con humildad y sinceridad este bien inmenso que es el conocimiento de Jesucristo, la fe en el Dios Padre, Creador y Salvador, la alegría de la gran esperanza que Dios tiene preparada para sus hijos. Dios nos ha confiado este tesoro para que lo proclamemos en nuestro mundo y se lo ofrezcamos a nuestros hermanos. Esta es nuestra misión. La deshumanización de nuestra sociedad egoísta y autosuficiente tiene una relación directa con la pérdida de fe y el desprecio de la vida de la Iglesia. La imposición de humanismos ateos dejan desarmadas y desvalidas a las personas sin motivación ni razón para entregar su vida. La Buena Nueva del amor excesivo de Dios hecho hombre por nosotros, sin embargo, es siempre cauce de entrega personal y experiencia de misericordia y de bien para los demás. La mejor apuesta por la misericordia es, pues, la evangelización. El Papa Francisco abrirá en Roma la Puerta Santa el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada y quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II, recordando que éste propuso y promovió anunciar el Evangelio al mundo de modo nuevo. Este compromiso perdura hasta nosotros.

Necesitamos para ello un movimiento de conversión misionera y reavivar el ardor evangelizador de nuestras comunidades para salir al encuentro de los que buscan en la oscuridad la felicidad y la salvación.

Celebrar a Cristo, Puerta de la Misericordia para el mundo

El III Domingo de Adviento abriremos en nuestra diócesis la Puerta Santa en la Catedral. Pasar por la Puerta Santa nos compromete a hacer de este momento extraordinario de gracia una exigencia de renovación espiritual. Cualquiera puede experimentar este amor divino que perdona, consuela y ofrece esperanza. Este gozo se convierte en celebración de gracia y de acción de gracias, que ha de expresarse en numerosas celebraciones, en frecuentes peregrinaciones a los lugares destacados para buscar esta gracia cercana. Animo a sacerdotes y fieles a peregrinar a los Templos Jubilares – la Catedral, parroquias y santuarios -, y celebrar en ellos acogiendo la gracia del Señor. La Cuaresma es tiempo privilegiado para celebrar y experimentar la misericordia, por lo que celebraremos en las parroquias las “24 horas para el Señor”, propuesto por el Santo Padre. Os animo a potenciar vuestras salidas como peregrinos. Que nos inunde el amor necesario para ser misioneros de la misericordia; que aprovechemos la gracia jubilar, llenándonos de su misterio hasta rebosar en obras de amor entregado y de apostolado y cuidemos nuestras celebraciones, de modo que toda nuestra liturgia nos adentre en la experiencia del amor de Dios y que la calidad de nuestra alabanza sea un atractivo para los alejados. La Delegación de Liturgia nos proporcionará a tiempo los subsidios para las celebraciones del Jubileo, así como la de los distintos tiempos litúrgicos.

Esta misericordia, que es “la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia” nos sorprenderá si atravesamos el umbral de la Puerta abierta. Dios hará obras grandes en nosotros y nosotros en el mundo y en la Iglesia.

Puntos clave del Jubileo de la Misericordia

Os presento un resumen de los puntos clave de este Jubileo para que, de modo sintético, repasemos sus propuestas y actualicemos cotidianamente nuestros deseos de vivirlo con fidelidad e intensidad y que “la medicina de la misericordia” cure nuestras heridas y sea el bálsamo de Cristo para la sociedad.

  1. Contemplar el misterio de la misericordia: Dios es compasivo y misericordioso.

  2. Recibir la gracia del perdón: Dios nunca se da por vencido y perdona nuestros pecados.

  3. La Puerta Santa de los templos jubilares se abre para que entremos por ella en la Iglesia. con nuevo entusiasmo y proclamemos la fe con convicción.

  4. Las parroquias y comunidades deben ser oasis de misericordia en medio del mundo

  5. Cada cristiano ha de ser misionero de la misericordia.

  6. Impulsar las peregrinaciones para fortalecer nuestra peregrinación interior.

  7. Practicar las obras de misericordia corporales y espirituales.

  8. Vivir la Cuaresma con intensidad, para celebrar y experimentar la misericordia y el perdón de Dios, para renovar nuestra identidad bautismal.

  9. Secundar la iniciativa “24 horas con el Señor”, la adoración y el sacramento de la reconciliación.

  10. Recibir la indulgencia que nos ofrece el poder de Dios, capaz de deshacer el pecado, sus cicatrices, heridas y penas.

  11. Dejar que Dios cambie el corazón, cambiar de vida.

  12. Orar con María, Madre de Misericordia, acoger su protección, pedir su mediación.

PROGRAMACION DIOCESANA

Aprovechemos las iniciativas de la celebración del Jubileo que hemos programado para facilitar su interiorización y sus frutos, siguiendo las indicaciones del Santo Padre. Hemos de trazarnos un sencillo itinerario asequible y orientador para vivir el Año Jubilar de la Misericordia con sinceridad y eficacia, para concretar las acciones que pueden disponernos para aprovechar la gracia que la Iglesia nos otorga este año. He aquí el elenco de iniciativas y sugerencias preparado por la Comisión para el Jubileo que designé para este servicio. Para aprovechar el Jubileo de la misericordia nuestra atención se dirige a tres aspectos: Celebrar, Reflexionar y Actuar.

A) CELEBRACIONES

  • Vigilia de la Inmaculada: en cada parroquia como preparación del Jubileo
  • Apertura y clausura del Año Jubilar en la Catedral
  • Celebración de Inicio del Jubileo en los Templos Jubilares
  • Peregrinaciones de cada parroquia a la Catedral durante el Año Jubilar.
  • Peregrinación Diocesana a Roma
  • “Una luz encendida para ti”: Templos disponibles en Cuaresma para hablar o confesar
  • Celebraciones penitenciales y adoración del Santísimo
  • “24 horas con el Señor”

La peregrinación al Templo Jubilar

Cada uno deberá realizar una peregrinación “de acuerdo con las propias fuerzas”, como un signo de que “también la misericordia es una meta por alcanzar, que requiere compromiso y sacrificio”. “Atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros”. (CF. Francisco, Bula Misericordiae Vultus)

TEMPLOS JUBILARES DE LA DIOCESIS

  • Santa y Apostólica Iglesia Catedral de Cádiz
  • Santa Iglesia Catedral de Ceuta
  • Parroquia de San José de Cádiz
  • Iglesia de San Francisco de Cádiz
  • Parroquia de San Pedro y San Pablo de San Fernando
  • Parroquia Stma. Trinidad (San Telmo) de Chiclana
  • Ntra. Sra. de La Palma de Algeciras
  • Parroquia – Santuario de la Inmaculada Concepción de La Línea
  • Santa María Coronada de San Roque
  • Santuario de la Virgen de los Ángeles de Jimena
  • Santuario de la Virgen de la Oliva de Vejer
  • Santuario de la Virgen de los Santos. Alcalá de los Gazules
  • Santuario de Nuestra Sra, de la Luz en Tarifa
  • Parroquia de la Virgen de Africa en Ceuta
  • Parroquia de San Sebastián de Puerto Real

 

  • B) PARA LA ORACION Y LA REFLEXION

  • Carta Pastoral del Sr. Obispo: Bienaventurados los Misericordiosos, y Para Vivir la Misericordia de Dios
  • Conferencia de apertura del Año Jubilar en Adviento (en cada parroquia)
  • Conferencias Cuaresmales (en cada parroquia)
  • Retiros Emaús (promoción para las parroquias interesadas)
  • Viacrucis de la misericordia (propuesto por Hermandades y Cofradías)
  • Rutas para peregrinar en ciudades y pueblos meditando la caridad (id.)
  • Grupos Parroquiales de Cáritas: Estudio del documento: “Iglesia servidora de los pobres” (C.E.E)

SUBSIDIOS Y PUBLICACIONES

  • Textos para reuniones: sobre la misericordia, obras de misericordia y examen, oración ante el santísimo
  • Libreto para confesores: formulas penitenciales, censuras, oraciones, etc explicación de las indulgencias, oraciones de liberación
  • Liturgia: Carpetas de Adviento/Navidad y Cuaresma/Pascua
  • Ritual para peregrinos en los templos jubilares
  • Tríptico oficial: imagen, obras de misericordia, evangelio
  • Tríptico para penitentes: oraciones y examen de conciencia etc
  • Tríptico con oraciones

CARTELES

  • Para interior y exterior
  • Para templos jubilares

 

C) ACCION: INICIATIVAS DE MISERICORDIA

  • Cada parroquia escoge vivir comunitariamente una obra de misericordia
  • Misiones Parroquiales de la Misericordia (programación aparte)
  • “Una luz encendida para ti”: para hablar, consultar, confesarse
  • Iglesias 12.7: Doce horas durante siete días para orar ante el Señor
  • Sugerencias de voluntariado para ayudar donde se vive la misericordia
  • Jóvenes: Peregrinación con la cruz de la JMJ por todos los arciprestazgos
  • Fomentar la reconciliación en familias divididas acudiendo al C.O.F.
  • Jornadas de conversion pastoral: “Parroquias nuevas para evangelizar”

CALENDARIO DIOCESANO

Diciembre 2015

Dia 8: Apertura del Jubileo de la Misericordia en Roma

Dia 12: Apertura del Jubileo en la Catedral de Ceuta

Día 13: Apertura del Jubileo en la Catedral de Cádiz

Dia 27: Domingo de la Sgda Familia: Jubileo de las Familias

Enero 2016

Dia 17: Peregrinacion de Emigrantes y refugiados

Días 25 al 29: Peregrinación de los Sacerdotes a Roma

Febrero 2016

Dia 2: Fiesta de la Presentación del Señor. Peregrinación de la Vida Consagrada a la Catedral y Clausura del Año de la Vida Consagrada

Días 26 – 29: Peregrinación Diocesana a Roma

Marzo 2016

Días 4 y 5: “24 horas ante el Señor”

Abril 2016

Día 3: Domingo de la Divina Misericordia: Peregrinación a la Catedral de los devotos de la Divina Misericordia

Junio 2016

Día 3: Viernes, Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús: Peregrinación de los Sacerdotes a la Catedral en el Jubileo de los Sacerdotes

Dia 12: Domingo. Jubileo de los enfermos. Peregrinación a la Catedral

Julio 2016

Días 26-31: Jubileo de los Jóvenes a Cracovia

Septiembre 2016

Día 4: XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Día 5: Memoria de la Beata Teresa de Calcuta. Jubileo de los voluntarios y operarios de la misericordia

Día 25: XXVI Domingo del Tiempo Ordinario. Jubileo de los catequistas

Octubre 2016

Días 8 y 9: Sábado y domingo después de la fiesta de la Santísima Virgen María, Nuestra Señora del Rosario. Jubileo mariano

Noviembre 2016

Día 13: XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario. Clausura de la Puerta Santa en las Basílicas de Roma y en las Diócesis.

Día 20: Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo Clausura de la Puerta Santa en San Pedro y conclusión del Jubileo de la Misericordia

A través de la Oficina de Prensa y Comunicación, la pagina web y la comunicación diocesana se informará de los actos, encuentros, materiales, etc. para facilitar su seguimiento.

Amigos diocesanos: Dejemos que Dios nos sorprenda. Estoy persuadido de que en el Año Jubilar de la Misericordia el Espíritu Santo que guía la Iglesia nos enriquecerá con copiosos frutos. Hacer nuestras las propuestas del Santo Padre es expresión de la comunión de la Iglesia y nos hace vibrar con el Corazón Misericordioso de Cristo que nos abre al Padre, Rico en Misericordia.

Oremos mucho unos por otros para acoger esta gracia con sinceridad de corazón, y nuestro corazón cambiará y nuestras obras expresarán el amor que Dios ha derramado en nuestros corazones. Desde el corazón de la Trinidad, fuente inagotable de la misericordia de Dios, brotarán ríos de caridad insondable para ofrecer al mundo el testimonio veraz del amor, que es el centro de la Revelación de Jesucristo. Hagamos de nuestra Iglesia diocesana un oasis de la misericordia. Somos testigos del abrazo de Dios a toda la humanidad. ¡Entremos por la puerta de la Misericordia!

+ Rafael, Obispo de Cádiz y Ceuta
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