El don de la Indulgencia

rupnikTodo pecado nos aleja de Dios y, para volver a Él, necesitamos ser perdonados. El perdón lo obtenemos en el sacramento de la Penitencia. Pero, además, todo pecado entraña que arraiguen en nosotros malos hábitos, que provocarán nuevas tentaciones y nuevas caídas. Dios nos ofrece, por medio de la Iglesia, medios para superar estos malos hábitos cuando ponemos en práctica obras de conversión (peregrinar, orar, ayudar al prójimo, recibir los sacramentos). Dios, a través de la Iglesia, nos concede además su indulgencia en el Jubileo y nos fortalece para que crezca nuestra vida cristiana.

La indulgencia es la remisión de la pena temporal por los pecados ya perdonados por Dios a través de la confesión, pero que puede necesitar una purificación posterior por este “desorden moral” que ha de satisfacer en esta vida o en la otra, en el purgatorio. Este regalo es un don gratuito de Dios (no se compra) a quien da signos de conversión y reparación por sus pecados. La Iglesia concede por el poder que Cristo dio a los apóstoles. Cada fiel puede aplicar esta gracia, la Indulgencia Plenaria, a si mismo o a los difuntos como sufragio.

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